—Escucha —dijo al poco rato—, no quiero que abandones tu carrera...
—¡Ah! ¡Mujer sublime!
—Vete a tu Juzgado... ¿Cuánto tiempo tardarás en arreglar allí tus asuntos, solicitar del Gobierno más licencia y volver a Sevilla?
—Un mes.
—Un mes... —repuso Blanca—. ¡Bien! Aquí te espero. Vuelve dentro de un mes, y seré tu esposa. Hoy somos 15 de abril... ¡El 15 de mayo sin falta!
—Sin falta.
—¿Me lo juras?
— Te lo juro.
—¡Aún otra vez! —replicó Blanca.
—Te lo juro.