Pero toda piedad era ya inútil... Gabriela Zahara estaba muerta.

XVIII

Moraleja.

Zarco es hoy uno de los mejores magistrados de la Habana.

Se ha casado, y puede considerarse feliz, porque la tristeza no es desventura cuando no se ha hecho a sabiendas daño a nadie.

El hijo que acaba de darle su amantísima esposa, disipará la vaga nube de melancolía que oscurece a ratos la frente de mi amigo.

FIN

ÍNDICE

[Prólogo].[9]
[I.]El número 1.[9]
[II.]Escaramuzas.[17]
[III.]Catástrofe.[23]
[IV.]Otro viaje.[28]
[V.]Memorias de un juez de primera instancia.[35]
[I][35]
[II][42]
[III][49]
[VI.]El cuerpo del delito.[52]
[VII.]Primeras diligencias.[58]
[VIII.]Declaraciones.[64]
[IX.]El hombre propone.[69]
[X.]Un dúo en MI mayor.[69]
[XI.]Fatalidad.[74]
[XII.]Travesuras del destino.[77]
[XIII.]Dios dispone.[82]
[XIV.]El Tribunal.[88]
[XV.]El juicio.[93]
[XVI.]La sentencia.[104]
[XVII.]El último viaje.[105]
[XVIII.]Moraleja.[109]