En este momento brilló un relámpago (ya he dicho que había tempestad), y a su luz sulfúrea vi... ¡que iba completamente solo!
Solté una carcajada, burlándome de mí mismo, y precisamente en aquel instante se detuvo la diligencia.
Estábamos en el primer relevo.
Ya me disponía a preguntarle al mayoral por el viajero que faltaba, cuando se abrió la portezuela, y a la luz de un farol que llevaba el zagal vi... ¡Me pareció un sueño lo que vi!
Vi poner el pie en el estribo de la berlina (¡de mi departamento!) a una hermosísima mujer, joven, elegante, pálida, sola, vestida de luto...
Era el número 1; era mi antes epiceno compañero de viaje; era la viuda de mis esperanzas; era la realización del sueño que apenas había osado concebir; era el non plus ultra de mis ilusiones de viajero... ¡Era ella!
Quiero decir, había de ser ella con el tiempo.
II
Escaramuzas.
Luego que hube dado la mano a la desconocida, para ayudarla a subir, y que ella tomó asiento a mi lado, murmurando un Gracias... Buenas noches... que me llegó al corazón, ocurrióseme esta idea tristísima y desgarradora: