Hízolo á tiempo.—Un minuto despues llegaba Antonio Arregui, seguido de muchas personas, al pórtico de la Capilla, en demanda de Manuel Venegas...
Pero se encontró con el revestido sacerdote, que ya aguardaba descuidado, y que le dijo majestuosamente:
—¡Alto, Sr. D. Antonio!—¡Mi hijo está en sagrado!...—Usted acaba de hacer, con venir aquí, todo lo que cumple á un hombre de honor y vergüenza.—Márchese tranquilo á su casa, adonde yo iré á buscarle mañana, si Dios quiere.
Y, volviéndose luégo á la multitud, añadió con destemplado acento:
—Ustedes... ¡á sus negocios! ¡á cuidar de sus hijos, que harto lo necesitan; y dejen en paz á los desgraciados!
Antonio Arregui besó la mano al Cura sin contestar palabra, y se marchó tranquilamente.
Los grupos se retiraron tambien poco á poco, elogiando en voz alta á D. Trinidad Muley y pensando al propio tiempo en el Baile de Rifa de la siguiente tarde, como el jugador que ha perdido piensa en el desquite.
Y pronto no quedó más que el recuerdo de la inolvidable Procesion de aquel dia, como del fulgente sol que habia iluminado las engalanadas y ya entenebrecidas calles sólo quedaba un vago crepúsculo en los remotos celajes de Poniente.