Mientras así discurrían los labriegos que saludaban
al señor Corregidor, la señá Frasquita regaba y barría
cuidadosamente la plazoletilla empedrada que servía de
atrio o compás al molino, y colocaba media docena de
sillas debajo de lo más espeso del emparrado, en el cual 30-5
estaba subido el tío Lucas, cortando los mejores racimos
y arreglándolos artísticamente en una cesta.
—¡Pues sí, Frasquita! (decía el tío Lucas desde lo
alto de la parra): el señor Corregidor está enamorado
de ti de muy mala manera... 30-10
—Ya te lo dije yo hace tiempo (contestó la mujer
del Norte)... Pero ¡déjalo que pene!—¡Cuidado,
Lucas, no te vayas a caer!
—Descuida: estoy bien agarrado...—También le
gustas mucho al señor... 30-15
—¡Mira! ¡no me des más noticias! (interrumpió
ella). ¡Demasiado sé yo a quién le gusto y a quién no
le gusto! ¡Ojalá supiera del mismo modo por qué no
te gusto a ti!
—¡Toma! Porque eres muy fea...—contestó el 30-20
tío Lucas.
—Pues, oye..., ¡fea y todo, soy capaz de subir a
la parra y echarte de cabeza al suelo!..
—Más fácil sería que yo no te dejase bajar de la
parra sin comerte viva... 30-25
—¡Eso es!...¡y cuando vinieran mis galanes y nos
viesen ahí, dirían que éramos un mono y una mona!...
—Y acertarían; porque tú eres muy mona y muy
rebonita, y yo parezco un mono con esta joroba...