—Pero bien; ¿qué harías en semejante caso?

—¿Yo? ¡Mira lo que no sé!... Porque, como
entonces yo sería otro y no el que soy ahora, no puedo 31-25
figurarme lo que pensaría...

—¿Y por qué serías entonces otro?—insistió valientemente
la señá Frasquita, dejando de barrer y
poniéndose en jarras para mirar hacia arriba.

El tío Lucas se rascó la cabeza, como si escarbara 31-30
para sacar de ella alguna idea muy profunda, hasta que
al fin dijo con más seriedad y pulidez que de costumbre:

—Sería otro, porque yo soy ahora un hombre que cree
en ti como en sí mismo, y que no tiene más vida que
esta fe. De consiguiente, al dejar de creer en ti, me 32-5
moriría o me convertiría en un nuevo hombre; viviría
de otro modo; me parecería que acababa de nacer;
¡tendría otras entrañas! Ignoro, pues, lo que haría entonces
contigo... Puede que me echara a reír y te volviera
la espalda... Puede que ni siquiera te conociese... 32-10
Puede que...—Pero ¡vaya un gusto que
tenemos en ponernos de mal humor sin necesidad!
¿Qué nos importa a nosotros que te quieran todos los
corregidores del mundo? ¿No eres tú mi Frasquita?

—¡Sí, pedazo de bárbaro! (contestó la navarra, 32-15
riendo a más no poder). Yo soy tu Frasquita, y tú
eres mi Lucas de mi alma, más feo que el bú, con más
talento que todos los hombres, más bueno que el pan,
y más querido...—¡Ah! ¡lo que es eso de querido,
cuando bajes de la parra lo verás! ¡Prepárate a llevar 32-20
más bofetadas y pellizcos que pelos tienes en la cabeza!—Pero
¡calla! ¿Qué es lo que veo? El señor Corregidor
viene por allí completamente solo...¡Y tan tempranito!...—Ese
trae plan...—¡Por lo visto, tú
tenías razón!... 32-25

—Pues aguántate, y no le digas que estoy subido en
la parra. ¡Ese viene a declararse a solas contigo,
creyendo pillarme durmiendo la siesta!...—Quiero
divertirme oyendo su explicación.

Así dijo el tío Lucas, alargando la cesta a su mujer. 32-30

—¡No está mal pensado! (exclamó ella, lanzando
nuevas carcajadas). ¡El demonio del madrileño! ¿Qué
se habrá creído que es un corregidor para mí?—Pero
aquí llega...—Por cierto que Garduña, que lo seguía
a alguna distancia, se ha sentado en la ramblilla a la 33-5
sombra...¡Qué majadería!—Ocúltate tú bien entre
los pámpanos, que nos vamos a reír más de lo que te
figuras...

Y, dicho esto, la hermosa navarra rompió a cantar el
fandango, que ya le era tan familiar como las canciones 33-10
de su tierra.