—Comprendo, comprendo... ¡No me aturdas más 52-25
los oídos!
—Por último: procure Usía escurrir el bulto antes
del amanecer.—Ahora amanece a las seis...
—¡Mira otro consejo inútil!—A las cinco estaré de
vuelta en mi casa...—Pero bastante hemos hablado 52-30
ya... ¡Quítate de mi presencia!
—Pues entonces, señor...¡buena suerte!—exclamó
el Alguacil, alargando lateralmente una mano al
Corregidor y mirando al techo al mismo tiempo.
El Corregidor puso en aquella mano una peseta, y
Garduña desapareció como por ensalmo. 53-5
—¡Por vida de!...(murmuró el viejo al cabo de
un instante). Se me ha olvidado decirle a ese bachillero
que me trajesen también una baraja! ¡Con ella
me hubiera entretenido hasta las nueve y media, viendo
si me salía aquel solitario!... 53-10
DESPEDIDA EN PROSA
Serían las nueve de aquella misma noche, cuando el
tío Lucas y la señá Frasquita, terminadas todas las
haciendas del molino y de la casa, se cenaron una
fuente de ensalada de escarola, una libreja de carne
guisada con tomates, y algunas uvas de las que quedaban 54-5
en la consabida cesta; todo ello rociado con un
poco de vino y con grandes risotadas a costa del Corregidor:
después de lo cual miráronse afablemente los
dos esposos, como muy contentos de Dios y de sí mismos,
y se dijeron, entre un par de bostezos que revelaban 54-10
toda la paz y tranquilidad de sus corazones:
—Pues, señor, vamos a acostarnos, y mañana será
otro día.