La señá Frasquita, pálida y serena como una estatua
de mármol, levantó el candil, cogido con dos dedos, sin 56-10
que el más leve temblor agitase su pulso, y contestó
secamente:

—¡Vaya, lee!

La orden decía así:

«Para el mejor servicio de S. M. el Rey Nuestro 56-15
Señor (Q. D. G.), prevengo a Lucas Fernández, molinero,
de estos vecinos, que tan luego como reciba la
presente orden, comparezca ante mi autoridad sin excusa
ni pretexto alguno; advirtiéndole que, por ser
asunto reservado, no lo pondrá en conocimiento de 56-20
nadie: todo ello bajo las penas correspondientes, caso
de desobediencia.—El Alcalde:

Juan López.»

Y había una cruz en vez de rúbrica.

—Oye, tú. ¿Y qué es esto? (le preguntó el tío Lucas 56-25
al Alguacil). ¿A qué viene esta orden?

—No lo sé...(contestó el rústico; hombre de unos
treinta años, cuyo rostro esquinado y avieso, propio de
ladrón o de asesino, daba muy triste idea de su sinceridad).

Creo que se trata de averiguar algo de brujería,
o de moneda falsa... Pero la cosa no va con V....
Lo llaman como testigo o como perito.—En fin, yo no
me he enterado bien del particular... El señor Juan
López se lo explicará a V. con más pelos y señales. 57-5

—¡Corriente! (exclamó el Molinero). Dile que iré
mañana.