Y, hablando así, descansó armas; con lo que dejó ver
el retaco que llevaba debajo del capote. 57-30
—Pues mira, Toñuelo... (dijo la Molinera). Ya
que vas a la cuadra... a ejercer tu verdadero oficio...,
hazme el favor de aparejar también la otra burra.
—¿Para qué?—interrogó el Molinero.
—¡Para mí!—Yo voy con vosotros. 58-5
—¡No puede ser, señá Frasquita! (objetó el Alguacil).
Tengo orden de llevarme a su marido de V. nada
más, y de impedir que V. lo siga.—En ello me van «el
destino y el pescuezo.»—Así me lo advirtió el señor
Juan López.—Conque... vamos, tío Lucas... 58-10
Y se dirigió hacia la puerta.
—¡Cosa más rara!—dijo a media voz el murciano
sin moverse.
—¡Muy rara!—contestó la señá Frasquita.
—Esto es algo... que yo me sé...—continuó 58-15
murmurando el tío Lucas, de modo que no pudiese
oírlo Toñuelo.
—¿Quieres que vaya yo a la ciudad (cuchicheó la
navarra), y le dé aviso al Corregidor de lo que nos
sucede?... 58-20