—¡No! (respondió en alta voz el tío Lucas). ¡Eso
no!
—¿Pues qué quieres que haga?—dijo la Molinera
con gran ímpetu.
—Que me mires...—respondió el antiguo soldado. 58-25
Los dos esposos se miraron en silencio, y quedaron
tan satisfechos ambos de la tranquilidad, la resolución
y la energía que se comunicaron sus almas, que acabaron
por encogerse de hombros y reírse.
Después de esto, el tío Lucas encendió otro candil y 58-30
se dirigió a la cuadra, diciendo al paso a Toñuelo con
socarronería:
—¡Vaya, hombre! ¡Ven y ayúdame... supuesto
que eres tan amable!
Toñuelo lo siguió, canturriando una copla entre 59-5
dientes.
Pocos minutos después, el tío Lucas salía del molino,
caballero en una hermosa jumenta y seguido del
Alguacil.
La despedida de los esposos se había reducido a lo 59-10
siguiente:
—Cierra bien...—dijo el tío Lucas.