—¡Por aquí, tío Lucas!...—dijo Toñuelo, llevándose 64-20
también el cántaro, por si le quedaban algunas gotas.
—Hasta mañana, si Dios quiere,—agregó el Sacristán,
después de escurrir todos los vasos.
Y se marchó, tambaleándose y cantando alegremente
el De profundis. 64-25
. . . . . . . . . . .
—Pues, señor... (díjole el Alcalde al Secretario
cuando se quedaron solos). El tío Lucas no ha sospechado
nada. Nos podemos acostar descansadamente,
y... ¡buena pro le haga al Corregidor!
DONDE SE VERÁ QUE EL TÍO LUCAS TENÍA EL SUEÑO MUY LIGERO
Cinco minutos después, un hombre se descolgaba por
la ventana del pajar del señor Alcalde; ventana que
daba a un corralón y que no distaría cuatro varas del
suelo.
En el corralón había un cobertizo sobre una gran 65-5
pesebrera, a la cual hallábanse atadas seis ú ocho caballerías
de diversa alcurnia, bien que todas ellas del sexo
débil.—Los caballos, mulos y burros del sexo fuerte
formaban rancho aparte en otro local contiguo.
El hombre desató una borrica, que por cierto estaba 65-10
aparejada, y se encaminó, llevándola del diestro, hacia
la puerta del corral; retiró la tranca y desechó el cerrojo
que la aseguraban; abriola con mucho tiento, y
se encontró en medio del campo.