Una vez allí, montó en la borrica, metiole los talones, 65-15
y salió como una flecha con dirección a la Ciudad;—mas
no por el carril ordinario, sino atravesando siembras
y cañadas, como quien se precave contra algún
mal encuentro.
Era el tío Lucas, que se dirigía a su molino. 65-20
VOCES CLAMANTES IN DESERTO
¡Alcaldes a mí, que soy de Archena! (iba diciéndose
el murciano). ¡Mañana por la mañana pasaré a ver
al señor Obispo, como medida preventiva, y le contaré
todo lo que me ha ocurrido esta noche!—¡Llamarme
con tanta prisa y reserva, a hora tan desusada; decirme 66-5
que venga solo; hablarme del servicio del rey, y de
moneda falsa, y de brujas, y de duendes, para echarme
luego dos vasos de vino y mandarme a dormir!... ¡La
cosa no puede ser más clara! Garduña trajo al Lugar
esas instrucciones de parte del Corregidor, y esta es la 66-10
hora en que el Corregidor estará ya en campaña contra
mi mujer... ¡Quién sabe si me lo encontraré llamando
a la puerta del molino! ¡Quién sabe si me lo
encontraré ya dentro!...—¡Quién sabe!...—Pero
¿qué voy a decir? ¡Dudar de mi navarra!... ¡Oh, 66-15
esto es ofender a Dios! ¡Imposible que ella!...
¡Imposible que mi Frasquita!... ¡Imposible!...—Mas
¿qué estoy diciendo? ¿Acaso hay algo imposible
en el mundo? ¿No se casó conmigo, siendo ella tan
hermosa y yo tan feo? 66-20
Y, al hacer esta última reflexión, el pobre jorobado
se echó a llorar...
Entonces paró la burra para serenarse; se enjugó las
lágrimas: suspiró hondamente; sacó los avíos de fumar;
picó y lió un cigarro de tabaco negro; empuñó
luego pedernal, yesca y eslabón, y, al cabo de algunos
golpes, consiguió encender candela.
En aquel mismo momento sintió rumor de pasos hacia
el camino,—que distaría de allí unas trescientas varas. 67-5
—¡Qué imprudente soy! (dijo). ¡Si me andará ya
buscando la Justicia, y yo me habré vendido al echar
estas yescas!
Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándose
detrás de la borrica. 67-10