Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo,
y lanzó un rebuzno de satisfacción.

—¡Maldita seas!—exclamó el tío Lucas, tratando
de cerrarle la boca con las manos.

Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino, 67-15
por vía de galante respuesta.

—¡Estamos aviados! (prosiguió pensando el molinero).
¡Bien dice el refrán: el mayor mal de los males
es tratar con animales!

Y, así discurriendo, volvió a montar, arreó la bestia 67-20
y salió disparado en dirección contraria al sitio en
que había sonado el segundo rebuzno.

Y lo más particular fue que la persona que iba en el
jumento interlocutor, debió de asustarse del tío Lucas
tanto como el tío Lucas se había asustado de ella. Lo 67-25
digo, porque apartose también del camino, recelando
sin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagado
por D. Eugenio, y salió a escape por los sembrados de
la otra banda.

El murciano, entretanto, continuó cavilando de este 67-30
modo:

—¡Qué noche! ¡Qué mundo! ¡Qué vida la mía
desde hace una hora! ¡Alguaciles metidos a alcahuetes;
alcaldes que conspiran contra mi honra; burros que
rebuznan cuando no es menester; y aquí, en mi pecho,
un miserable corazón que se ha atrevido a dudar de la 68-5
mujer más noble que Dios ha criado!—¡Oh! ¡Dios
mío, Dios mío! ¡Haz que llegue pronto a mi casa y
que encuentre allí a mi Frasquita!

Siguió caminando el tío Lucas, atravesando siembras
y matorrales, hasta que al fin, a eso de las once de la 68-10
noche, llegó sin novedad a la puerta grande del
molino...

¡Condenación! ¡La puerta del molino estaba abierta!