LA DUDA Y LA REALIDAD
Estaba abierta... ¡y él, al marcharse, había oído a
su mujer cerrarla con llave, tranca y cerrojo!
Por consiguiente, nadie más que su propia mujer
había podido abrirla.
Pero ¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué?—¿De resultas 69-5
de un engaño? ¿A consecuencia de una orden?—¿O
bien deliberada y voluntariamente, en virtud de previo
acuerdo con el Corregidor?
¿Qué iba a ver? ¿Qué iba a saber? ¿Qué le
aguardaba dentro de su casa?—¿Se habría fugado la 69-10
señá Frasquita? ¿Se la habrían robado? ¿Estaría
muerta?—¿O estaría en brazos de su rival?
—El Corregidor contaba con que yo no podría venir
en toda la noche... (se dijo lúgubremente el tío Lucas).
El Alcalde del Lugar tendría orden hasta de encadenarme, 69-15
antes que permitirme volver...—¿Sabía todo
esto Frasquita? ¿Estaba en el complot?—¿O ha sido
víctima de un engaño, de una violencia, de una infamia?
No empleó más tiempo el sin ventura en hacer todas
estas crueles reflexiones que el que tardó en atravesar 69-20
la plazoletilla del emparrado.
También estaba abierta la puerta de la casa, cuyo
primer aposento (como en todas las viviendas rústicas)
era la cocina...
Dentro de la cocina no había nadie.