Sin embargo, una enorme fogata ardía en la chimenea...;
¡chimenea que él dejó apagada, y que no se
encendía nunca hasta muy entrado el mes de Diciembre!

Por último, de uno de los ganchos de la espetera 70-5
pendía un candil encendido...

¿Qué significaba todo aquello? ¿Y cómo se compadecía
semejante aparato de vigilia y de sociedad con
el silencio de muerte que reinaba en la casa?

¿Qué había sido de su mujer? 70-10

Entonces, y sólo entonces, reparó el tío Lucas en unas
ropas que había colgadas en los espaldares de dos o
tres sillas puestas alrededor de la chimenea...

Fijó la vista en aquellas ropas, y lanzó un rugido tan
intenso, que se le quedó atravesado en la garganta, 70-15
convertido en sollozo mudo y sofocante.

Creyó el infortunado que se ahogaba, y se llevó las
manos al cuello, mientras que, lívido, convulso, con los
ojos desencajados, contemplaba aquella vestimenta,
poseído de tanto horror como el reo en capilla a quien 70-20
le presentan la hopa.

Porque lo que allí veía era la capa de grana, el sombrero
de tres picos, la casaca y la chupa de color de
tórtola, el calzón de seda negra, las medias blancas,
los zapatos con hebilla y hasta el bastón, el espadín y 70-25
los guantes del execrable Corregidor... ¡Lo que allí
veía era la hopa de su ignominia, la mortaja de su
honra, el sudario de su ventura!

El terrible trabuco seguía en el mismo rincón en que
dos horas antes lo dejó la navarra... 70-30

El tío Lucas dio un salto de tigre, y se apoderó de él.—Sondeó
el cañón con la baqueta, y vio que estaba
cargado. Miró la piedra, y halló que estaba en su lugar.