—¿Y V., alma mía? ¿Adónde va a estas horas?
—¿Yo?...—¡Quita allá, badulaque!—Yo voy...
¡a la Ciudad por un médico!—contestó la señá Frasquita,
arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un 82-15
puntapié.
Y tomó..., no el camino de la Ciudad, como acababa
de decir, sino el del Lugar inmediato.
Garduña no reparó en esta última circunstancia;
pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo 82-20
al par de esta manera:
—¡Va por un médico!... ¡La infeliz no puede
hacer más!—¡Pero él es un pobre hombre!—¡Famosa
ocasión de ponerse malo!... ¡Dios le da confites a
quien no puede roerlos! 82-25
GARDUÑA SE MULTIPLICA
Cuando Garduña llegó al molino, el Corregidor principiaba
a volver en sí, procurando levantarse del suelo.
En el suelo también, y a su lado, estaba el velón encendido
que bajó Su Señoría del dormitorio.
—¿Se ha marchado ya?—fue la primera frase de 83-5
D. Eugenio.