—¡Bueno está su Lucas de V.! (replicó el Alcalde).—En
fin, vamos andando, y ya veremos lo que hay que 89-20
hacer con todos Vds. ¡Conmigo no se juega! ¡Yo
soy el Rey!... Pero no un rey como el que ahora
tenemos en Madrid, o sea en el Pardo, sino como aquel
que hubo en Sevilla, a quien llamaban D. Pedro el
Cruel.—¡A ver, Manuela! ¡Tráeme el bastón, y dile 89-25
a tu ama que me marcho!

Obedeció la sirvienta (que era por cierto más buena
moza de lo que convenía a la Alcaldesa y a la moral),
y, como la mulilla del Sr. Juan López estuviese ya aparejada,
la señá Frasquita y él salieron para el molino, 89-30
seguidos del indispensable Toñuelo.

XXV

LA ESTRELLA DE GARDUÑA

Precedámosles nosotros, supuesto que tenemos carta
blanca para andar más de prisa que nadie.

Garduña se hallaba ya de vuelta en el molino, después
de haber buscado a la señá Frasquita por todas las
calles de la Ciudad. 90-5

El astuto Alguacil había tocado de camino en el
Corregimiento, donde lo encontró todo muy sosegado.
Las puertas seguían abiertas como en medio del día,
según es costumbre cuando la Autoridad está en la calle
ejerciendo sus sagradas funciones. Dormitaban en la 90-10
meseta de la escalera y en el recibimiento otros alguaciles
y ministros, esperando descansadamente a su amo;
mas, cuando sintieron llegar a Garduña, desperezáronse
dos o tres de ellos, y le preguntaron al que era su decano
y jefe inmediato: 90-15

—¿Viene ya el señor?

—¡Ni por asomo!—Estaos quietos.—Vengo a
saber si ha habido novedad en la casa....

—Ninguna.