—¡Yo entraré delante! (exclamó el Alcalde de monterilla).
¡Para algo soy la Autoridad!—Sígueme, 94-5
Toñuelo, y V., sená Frasquita, espérese a la puerta
hasta que yo la llame.
Penetró, pues, el Sr. Juan López bajo la parra, donde
vio a la luz de la luna un hombre casi jorobado, vestido
como solía el Molinero, con chupetín y calzón de paño 94-10
pardo, faja negra, medias azules, montera murciana de
felpa, y el capote de monte al hombro.
—¡Él es! (gritó el Alcalde). ¡Favor al Rey!—¡Entréguese
V., tío Lucas!
El hombre de la montera intentó meterse en el molino. 94-15
—¡Date!—gritó a su vez Toñuelo, saltando sobre
él, cogiéndolo por el pescuezo, aplicándole una rodilla
al espinazo y haciéndole rodar por tierra.
Al mismo tiempo, otra especie de fiera saltó sobre
Toñuelo, y, agarrándolo de la cintura, lo tiró sobre el 94-20
empedrado y principió a darle de bofetones.
Era la señá Frasquita, que exclamaba:
—¡Tunante! ¡Deja a mi Lucas!
Pero, en esto, otra persona, que había aparecido llevando
del diestro una borrica, metiose resueltamente
entre los dos, y trató de salvar a Toñuelo...
Era Garduña, que, tomando al Alguacil del Lugar
por D. Eugenio de Zúñiga, le decía a la Molinera: