El Corregidor seguía en la cama, tal y como acababa
de verlo el tío Lucas por el ojo de la llave.

—¡Qué bien sudo, Garduña! ¡Me he salvado de
una enfermedad! (exclamó tan luego como penetró el
Alguacil en la estancia).—¿Y la señá Frasquita? ¿Has 93-5
dado con ella? ¿Viene contigo? ¿Ha hablado con la
Señora?

—La Molinera, señor (respondió Garduña con angustiado
acento), me engañó como a un pobre hombre;
pues no se fue a la Ciudad, sino al pueblecillo..., en 93-10
busca de su esposo.—Perdone Usía la torpeza...

—¡Mejor! ¡mejor! (dijo el madrileño, con los ojos
chispeantes de maldad). ¡Todo se ha salvado entonces!
Antes de que amanezca estarán caminando para las
cárceles de la Inquisición, atados codo con codo, el tío 93-15
Lucas y la señá Frasquita, y allí se pudrirán sin tener
a quien contarle sus aventuras de esta noche.—Tráeme
la ropa, Garduña, que ya estará seca... ¡Tráemela,
y vísteme! ¡El amante se va a convertir en
Corregidor!... 93-20

Garduña bajó a la cocina por la ropa.

. . . . . . . . . . .

XXVII

¡FAVOR AL REY!

Entretanto, la señá Frasquita, el Sr. Juan López y
Toñuelo avanzaban hacia el molino, al cual llegaron
pocos minutos después.