Y, discurriendo de este modo, tomó la vuelta del
molino.

Razón tenía el Alguacil para echar de menos su
antiguo olfato, pues que no venteó a un hombre que se
escondía en aquel momento detrás de unos mimbres, a 91-25
poca distancia de la ramblilla, y el cual exclamó para
su capote, o más bien para su capa de grana:

—¡Guarda, Pablo! ¡Por allí viene Garduña!...
Es menester que no me vea....

Era el tío Lucas, vestido de Corregidor, que se dirigía 91-30

a la Ciudad, repitiendo de vez en cuando su diabólica
frase:

—¡También la Corregidora es guapa!

Pasó Garduña sin verlo, y el falso Corregidor dejó
su escondite y penetró en la población... 92-5

Poco después llegaba el Alguacil al molino, según
dejamos indicado.

XXVI

REACCIÓN