La señá Frasquita estaba más amarilla que la cera.
El Corregidor se había comido ya todas las uñas de
ambas manos.
Nadie decía una palabra. 97-15
¡Pum!... ¡Pum!... ¡Pum!...—golpes y más
golpes a la puerta del Corregimiento (aplicados sucesivamente
por los dos alguaciles y por el Sr. Juan
López)...—Y ¡nada! ¡No respondía nadie! ¡No
abrían! ¡No se movía una mosca! 97-20
Sólo se oía el claro rumor de los caños de una fuente
que había en el patio de la casa.
Y de esta manera transcurrían minutos, largos como
eternidades.
Al fin, cerca de la una, abriose un ventanillo del piso
segundo, y dijo una voz femenina:
—¿Quién?
—Es la voz del ama de leche...—murmuró
Garduña. 98-5
—¡Yo! (respondió D. Eugenio de Zúñiga).—¡Abrid!