Pasó un instante de silencio.

—¿Y quién es V.?—replicó luego la nodriza.

—¿Pues no me está V. oyendo?—¡Soy el amo!...
¡el Corregidor!... 98-10

Hubo otra pausa.

—¡Vaya V. mucho con Dios! (repuso la buena
mujer).—Mi amo vino hace una hora, y se acostó en
seguida.—¡Acuéstense Vds. también, y duerman el
vino que tendrán en el cuerpo! 98-15

Y la ventana se cerró de golpe.

La señá Frasquita se cubrió el rostro con las manos.

—¡Ama! (tronó el Corregidor, fuera de sí). ¿No
oye V. que le digo que abra la puerta? ¿No oye V.
que soy yo? ¿Quiere V. que la ahorque también? 98-20

La ventana volvió a abrirse.

—Pero vamos a ver... (expuso el ama). ¿Quién
es V. para dar esos gritos?