¡Mercedes! (exclamó el Corregidor al comparecer
delante de su esposa). Necesito saber
inmediatamente....
—¡Hola, tío Lucas! ¿V. por aquí? (dijo la Corregidora,
interrumpiéndole).—¿Ocurre alguna desgracia 103-5
en el molino?
—¡Señora! ¡no estoy para chanzas! (repuso el Corregidor
hecho una fiera).—Antes de entrar en explicaciones
por mi parte, necesito saber qué ha sido de
mi honor.... 103-10
—¡Esa no es cuenta mía! ¿Acaso me lo ha dejado
V. a mí en depósito?
—Sí, Señora.... ¡A V.! (replicó D. Eugenio).—¡Las
mujeres son depositarias del honor de sus
maridos! 103-15
—Pues entonces, mi querido tío Lucas, pregúntele
V. a su mujer....—Precisamente nos está
escuchando.
La señá Frasquita, que se había quedado a la puerta
del salón, lanzó una especie de rugido. 103-20
—Pase V., señora, y siéntese...—añadió la Corregidora,
dirigiéndose a la Molinera con dignidad
soberana.
Y, por su parte, encaminose al sofá.
La generosa navarra supo comprender desde luego
toda la grandeza de la actitud de aquella esposa injuriada...,
e injuriada acaso doblemente.... Así es
que, alzándose en el acto a igual altura, dominó sus
naturales ímpetus, y guardó un silencio decoroso.—Esto 104-5
sin contar con que la señá Frasquita, segura de
su inocencia y de su fuerza, no tenía prisa de defenderse.—Teníala,
sí, de acusar; y mucha...; pero no
ciertamente a la Corregidora.—¡Con quien ella deseaba
ajustar cuentas era con el tío Lucas..., y el tío Lucas 104-10
no estaba allí!