El tío Lucas se puso más pálido que la muerte al ver 109-20
que su mujer se le acercaba; pero luego se dominó, y,
con una risa tan horrible que tuvo que llevarse la mano
al corazón para que no se le hiciese pedazos, dijo, remedando
siempre al Corregidor:
—¡Dios te guarde, Frasquita! ¿Le has enviado ya
a tu sobrino el nombramiento?
¡Hubo que ver entonces a la navarra!—Tirose la
mantilla atrás, levantó la frente con soberanía de leona,
y, clavando en el falso Corregidor dos ojos como dos 110-5
puñales:
—¡Te desprecio, Lucas!—le dijo en mitad de la
cara.
Todos creyeron que le había escupido.
¡Tal gesto, tal ademán y tal tono de voz acentuaron 110-10
aquella frase!
El rostro del Molinero se transfiguró al oír la voz de
su mujer. Una especie de inspiración, semejante a la
de la fe religiosa, había penetrado en su alma, inundándola
de luz y de alegría... Así es que, olvidándose 110-15
por un momento de cuanto había visto y creído ver en
el molino, exclamó, con las lágrimas en los ojos y la
sinceridad en los labios:
—¿Conque tú eres mi Frasquita?
—¡No! (respondió la navarra fuera de sí). ¡Yo no 110-20
soy ya tu Frasquita!—Yo soy... ¡Pregúntaselo a tus
hazañas de esta noche, y ellas te dirán lo que has hecho
del corazón que tanto te quería!...
Y se echó a llorar, como una montaña de hielo que
se hunde y principia a derretirse. 110-25