—Señora, no se fatigue V. en darme a mí explicaciones...
¡Yo no se las pido a V., ni mucho menos!—Allí
viene quien puede pedírselas a justo título...
¡Entiéndase V. con él! 108-25
Al mismo tiempo se abrió la puerta de un gabinete,
y apareció en ella el tío Lucas, vestido de Corregidor
de pies a cabeza, y con bastón, guantes y espadín, como
si se presentase en las Salas de Cabildo.
LA FE MUEVE LAS MONTAÑAS
Tengan Vds. muy buenas noches,—pronunció el
recién llegado, quitándose el sombrero de tres picos, y
hablando con la boca sumida, como solía D. Eugenio
de Zúñiga.
En seguida se adelantó por el salón, balanceándose 109-5
en todos sentidos, y fue a besar la mano de la
Corregidora.
Todos se quedaron estupefactos.—El parecido del tío
Lucas con el verdadero Corregidor era maravilloso.
Así es que la servidumbre, y hasta el mismo Sr. Juan 109-10
López, no pudieron contener una carcajada.
D. Eugenio sintió aquel nuevo agravio, y se lanzó
sobre el tío Lucas como un basilisco.
Pero la señá Frasquita metió el montante, apartando
al Corregidor con el brazo de marras, y Su Señoría, en 109-15
evitación de otra voltereta y del consiguiente ludibrio,
se dejó atropellar sin decir oxte ni moxte.—Estaba
visto que aquella mujer había nacido para domadora
del pobre viejo.