Ni paraba aquí la singularidad de nuestra patria en
aquellos tiempos. El Soldado de la Revolución, el hijo
de un obscuro abogado corso, el vencedor en Rívoli, en
las Pirámides, en Marengo y en otras cien batallas,
acababa de ceñirse la corona de Carlo Magno y de 5-15
transfigurar completamente la Europa, creando y suprimiendo
naciones, borrando fronteras, inventando dinastías
y haciendo mudar de forma, de nombre, de sitio,
de costumbres y hasta de traje a los pueblos por donde
pasaba en su corcel de guerra como un terremoto animado, 5-20
o como el "Antecristo," que le llamaban las potencias
del norte...—Sin embargo, nuestros padres (¡Dios
los tenga en su santa gloria!), lejos de odiarlo o de
temerle, complacíanse aún en ponderar sus descomunales
hazañas, como si se tratase del héroe de un libro de caballerías, 6-5
o de cosas que sucedían en otro planeta, sin que ni
por asomos recelasen que pensara nunca en venir por acá
a intentar las atrocidades que había hecho en Francia,
Italia, Alemania y otros países. Una vez por semana
(y dos a lo sumo) llegaba el correo de Madrid a la mayor 6-10
parte de las poblaciones importantes de la Península,
llevando algún número de la Gaceta (que tampoco era
diaria), y por ella sabían las personas principales
(suponiendo que la Gaceta hablase del particular) si
existía un estado más o menos allende el Pirineo, si se 6-15
había reñido otra batalla en que peleasen seis ú ocho
reyes y emperadores, y si Napoleón se hallaba en Milán,
en Bruselas o en Varsovia...—Por lo demás, nuestros
mayores seguían viviendo a la antigua española,
sumamente despacio, apegados a sus rancias costumbres, 6-20
en paz y en gracia de Dios, con su Inquisición y
sus frailes, con su pintoresca desigualdad ante la ley,
con sus privilegios, fueros y exenciones personales, con
su carencia de toda libertad municipal o política, gobernados
simultáneamente por insignes obispos y poderosos 6-25
corregidores (cuyas respectivas potestades no era
muy fácil deslindar, pues unos y otros se metían en lo
temporal y en lo eterno), y pagando un sinnúmero de
contribuciones y tributos, cuya nomenclatura no viene
a cuento ahora. 6-30

Y aquí termina todo lo que la presente historia tiene
que ver con la militar y política de aquella época; pues
nuestro único objeto, al referir lo que entonces sucedía
en el mundo, ha sido venir a parar a que el año de que
se trata (supongamos que el de 1805) imperaba todavía 7-5
en España el antiguo régimen en todas las esferas de la
vida pública y particular, como si, en medio de tantas
novedades y trastornos, el Pirineo se hubiese convertido
en otra Muralla de la China.

II

DE CÓMO VIVÍA ENTONCES LA GENTE

En Andalucía, por ejemplo (pues precisamente aconteció
en una ciudad de Andalucía lo que vais a oír), las
personas de suposición continuaban levantándose muy
temprano; yendo a la Catedral a misa de prima, aunque
no fuese día de precepto, almorzando, a las nueve, 8-5
un huevo frito y una jícara de chocolate con picatostes;
comiendo, de una a dos de la tarde, puchero y principio,
si había caza, y, si no, puchero solo; durmiendo la
siesta después de comer; paseando luego por el campo;
yendo al Rosario, entre dos luces, a su respectiva parroquia; 8-10
tomando otro chocolate a la Oración (éste con
bizcochos); asistiendo los muy encopetados a la tertulia
del corregidor, del deán, o del título que residía
en el pueblo; retirándose a casa a las Ánimas; cerrando
el portón antes del toque de la queda, cenando ensalada 8-15
y guisado por antonomasia, si no habían entrado boquerones
frescos, y acostándose incontinenti con su señora
(los que la tenían), no sin hacerse calentar primero la
cama durante nueve meses del año...

¡Dichosísimo tiempo aquel en que nuestra tierra 8-20
seguía en quieta y pacífica posesión de todas las telarañas,
de todo el polvo, de toda la polilla, de todos los
respetos, de todas las creencias, de todas las tradiciones,
de todos los usos y de todos los abusos santificados por
los siglos! ¡Dichosísimo tiempo aquel en que había en
la sociedad humana variedad de clases, de afectos y de
costumbres! ¡Dichosísimo tiempo, digo..., para los
poetas especialmente, que encontraban un entremés, un
sainete, una comedia, un drama, un auto sacramental o 9-5
una epopeya detrás de cada esquina, en vez de esta
prosaica uniformidad y desabrido realismo que nos legó
al cabo la Revolución Francesa!—¡Dichosísimo tiempo,
sí!...

Pero esto es volver á las andadas. Basta ya de 9-10
generalidades y de circunloquios, y entremos resueltamente
en la historia del Sombrero de tres picos.

III

DO UT DES

En aquel tiempo, pues, había cerca de la ciudad de
*** un famoso molino, harinero (que ya no existe),
situado como a un cuarto de legua de la población,
entre el pie de suave colina poblada de guindos y
cerezos y una fertilísima huerta que servía de margen 10-5
(y algunas veces de lecho) al titular, intermitente y
traicionero río.