—¡Felicísima idea!—Te llevaré, si Dios nos da
vida.
Y con esto llegaron al molino, a punto que el sol, sin
haber salido todavía, doraba ya las cúspides de las
montañas.
. . . . . . . . . . .
A la tarde, con gran sorpresa de los esposos, que no
esperaban nuevas visitas de altos personajes después 125-5
de un escándalo como el de la precedente noche, concurrió
al molino más señorío que nunca. El venerable
Prelado, muchos Canónigos, el Jurisconsulto, dos Priores
de frailes y otras varias personas (que luego se
supo habían sido convocadas allí por Su Señoría Ilustrísima) 125-10
ocuparon materialmente la plazoletilla del
emparrado.
Sólo faltaba el Corregidor.
Una vez reunida la tertulia, el señor Obispo tomó la
palabra, y dijo: que, por lo mismo que habían pasado 125-15
ciertas cosas en aquella casa, sus Canónigos y él seguirían
yendo a ella lo mismo que antes, para que ni los
honrados Molineros ni las demás personas allí presentes
participasen de la censura pública, sólo merecida por
aquel que había profanado con su torpe conducta una 125-20
reunión tan morigerada y tan honesta. Exhortó paternalmente
a la señá Frasquita para que en lo sucesivo
fuese menos provocativa y tentadora en sus dichos y
ademanes, y procurase llevar más cubiertos los brazos
y más alto el escote del jubón: aconsejó al tío Lucas 125-25
más desinterés, mayor circunspección y menos inmodestia
en su trato con los superiores; y acabó dando la
bendición a todos y diciendo: que, como aquel día no
ayunaba, se comería con mucho gusto un par de racimos
de uvas.
Lo mismo opinaron todos... respecto de este último
particular..., y la parra se quedó temblando aquella
tarde.—¡En dos arrobas de uvas apreció el gasto el 126-5
Molinero!
. . . . . . . . . . .
Cerca de tres años continuaron estas sabrosas reuniones,
hasta que, contra la previsión de todo el mundo,
entraron en España los ejércitos de Napoleón y se armó
la Guerra de la Independencia. 126-10
El señor Obispo, el Magistral y el Penitenciario murieron
el año de 8, y el Abogado y los demás contertulios
en los de 9, 10, 11 y 12, por no poder sufrir la vista
de los franceses, polacos y otras alimañas que invadieron
aquella tierra ¡y que fumaban en pipa, en el presbiterio 126-15
de las iglesias, durante la misa de la tropa!