CONCLUSIÓN, MORALEJA Y EPÍLOGO
Piaban los pajarillos saludando el alba, cuando el tío
Lucas y la señá Frasquita salían de la Ciudad con dirección
a su molino.
Los esposos iban a pie, y delante de ellos caminaban
apareadas las dos burras. 124-5
—El domingo tienes que ir a confesar (le decía la
Molinera a su marido); pues necesitas limpiarte de
todos tus malos juicios y criminales propósitos de esta
noche...
—Has pensado muy bien... (contestó el Molinero). 124-10
Pero tú, entretanto, vas a hacerme otro favor, y es dar
a los pobres los colchones y ropa de nuestra cama, y
ponerla toda de nuevo.—¡Yo no me acuesto donde ha
sudado aquel bicho venenoso!
—¡No me lo nombres, Lucas! (replicó la señá Frasquita).—Conque 124-15
hablemos de otra cosa. Quisiera
merecerte un segundo favor...
—Pide por esa boca...
—El verano que viene vas a llevarme a tomar los
baños del Solán de Cabras. 124-20
—¿Para qué?
—Para ver si tenemos hijos.