Minutos después (que es como si dijéramos algunas leguas más allá) pasamos por delante de un montecillo de barro, de piedras, de yeso, de tejas y de retama, coronado por un campanario con su cruz y todo..... Era un pueblo: era Campillo: quiero decir, era uno de tantos Campillos como figuran en el Nomenclátor de España.

Luego pasamos por El Carpio (ó sea por un Carpio, pues también conocíamos ya más de uno).....

Y á las siete y veintiocho llegamos á Cantalapiedra, famosa hoy por su agua potable, que no bebimos.

Habíamos entrado en la Provincia de Salamanca.

Allí comienza ya á rizarse el terreno.—Cantalapiedra ocupa una meseta inclinada, donde hubo también antiguamente cierto castillo casi inexpugnable.

En el siglo xv los Portugueses se apoderaron de él y defendieron largo tiempo, al amparo de sus muros, las pretensiones de la Beltraneja.—Los vecinos de la villa discurrieron entonces que el tal castillo podía con el tiempo dar ocasión á nuevas luchas y trastornos, si lo dejaban en pie; y no bien terminó aquella guerra civil, lo demolieron pacíficamente con sus propias manos.—Vese, pues, que no siempre ha corrido como verdad axiomática lo de si vis pacem, para bellum.

Y es cuanto puedo decir de Cantalapiedra.

Puestos otra vez en marcha, el sol, que iba ya calentando, principió á acariciarnos dentro del coche, y acabó por dormirnos amorosísimamente.....

Y dormidos pasamos (según luego vimos en El Indicador) por

Nueva Carolina,