Abundaban en aquella calle las tiendas de filigranas de plata y oro, trabajadas éstas del propio modo que en tiempos de la Reina Católica, y había también bastantes librerías.....—¡Librerías en Salamanca! ¡Era de esperar! Estábamos en la patria del saber.....—Pero ¡ay! ya dista mucho el comercio de libros de Salamanca de lo que fué antiguamente..... Yo he leído que, cuando el famoso D. Antonio Agustín era estudiante (él mismo lo refiere), había en la ciudad 52 imprentas y 84 librerías.
En todo lo demás, nosotros cogíamos intacta y con el polvo de los siglos la decrépita Calle de la Rúa. Y no sólo aquella calle, sino el resto de Salamanca; pues es de advertir que éramos sus primeros visitadores después de la inauguración del ferrocarril, á que asistieron S. M. el Rey y su comitiva..... Aun no se había profanado nada por insustanciales curiosos; aun no se había alineado, revocado ni hermoseado cosa alguna, defiriendo á las críticas de los doctores madrileños de ornato público á la moderna; aun Salamanca era Salamanca.....—¡Quiera Dios que continúe así todavía!
Pero basta ya de humoradas y de bromas.—Descubrámonos y saludemos..... Hemos llegado á la Universidad.
*
* *
Más que un edificio, la Universidad de Salamanca es un barrio de la ciudad.
Altas y simétricas construcciones, de varia y magnífica arquitectura, forman tres lados de una extensa plaza cuadrilonga. Todos aquellos nobles alcázares dependen de la Universidad propiamente dicha, cuyo gran palacio, separado de los demás por el angosto paso de una calle, ocupa el cuarto lado y preside majestuosamente aquel Foro de las ciencias.
Pálido y débil, comparado con la realidad, será siempre cuanto se diga en elogio de la bellísima fachada del Capitolio de la sabiduría.—Hállase labrada en el más primoroso y delicado estilo del Renacimiento, y parece una enorme filigrana calada en piedra por los plateros de la calle de la Rúa, parece un trabajo chino de marfil, parece la mística puerta de algún lugar santo. Benvenuto Cellini se hubiera enorgullecido de cincelar en oro una creación semejante. Los árabes que bordaron la Alhambra habrían declarado también que sus mejores templetes y camarines no excedían en finura, suntuosidad é idealismo á tal maravilla del arte cristiano.
Gloria de los Reyes Católicos es aquella página de piedra, y así lo pregonan los bustos de Fernando y de Isabel que ocupan un gran medallón sobre la puerta principal; así lo confirma el venerable escudo de sus armas, y así lo reza terminantemente una leyenda ó rótulo, que dice en griego: «Los Reyes á la Universidad, y la Universidad á los Reyes.»
En los amplios muros de los otros edificios que forman la plaza, esto es, en las paredes de las vastas y monumentales dependencias universitarias del Hospital de Santo Tomás para el socorro de estudiantes pobres, y de las Escuelas Menores ó Instituto (cuya linda fachada es plateresca), vense, desde el suelo hasta muy grande altura, los infalibles, clásicos letreros encarnados y los tradicionales vitores en abreviatura que escribió el entusiasmo estudiantil, en siglos ya pasados, con motivo de tales ó cuales reñidas oposiciones.....
Al leerlos, parecíame estar en aquellos tiempos de ruidosísimas controversias escolásticas, cuyo estrépito llenaba toda la nación, preocupando y agitando lo mismo á los eclesiásticos que á los seglares, así á los plebeyos como á los nobles y á los mismos Reyes; y aun recordaba que en mi niñez figuré en algún bando de seminaristas en pro ó en contra de este ó aquel opositor, y escribí también con almagre rótulos como aquéllos.....—¡Ay! pasó ya la boga y la importancia de tales lizas, como antes habían pasado las justas y los torneos, y como pasarán sin duda alguna, cuando les llegue su hora, estas empeñadas luchas electorales y parlamentarias que hoy apasionan tanto á los pueblos..... Lo que nunca pasará ni cambiará es el fondo de las cosas humanas, que siempre resulta el mismo: ¡vanidad y discordia con diferentes nombres ó pretextos!