En medio de aquella plaza, compás ó patio, y dando frente á la Universidad, álzase desde la primavera de 1868 la Estatua de Fray Luis de León, discípulo que fué y luego catedrático, de aquel emporio del saber.—Por ninguna parte se veía alma viviente. No sé si á causa de la festividad del día, ó de ser la una de la tarde, ni fuera ni dentro de la Universidad (según vimos después) había nadie que turbara el religioso silencio y melancólica soledad de tan venerandos sitios.....
Nosotros nos sentamos al pie de la estatua, y nos pusimos á recapacitar en la historia y en la grandeza de cuanto teníamos ante la vista.—Nuestra emoción era verdadera, profunda, unánime, y, por lo tanto, silenciosa..... Únicamente oíamos, ó creíamos oir, sobre nuestra cabeza, una gran voz, la voz de Fray Luis, que repetía con dulce y formidable acento, como al salir de la prisión:
«Decíamos ayer.....»
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No intentaré en manera alguna contar la historia ni hacer la descripción de la Universidad salmantina. Semejante empeño requeriría un tomo en folio. Diré solamente las cosas de más bulto, tal y como vayan presentándose á mi memoria.
Fundó la Universidad Alfonso XI, rey de León, padre de San Fernando.
Durante mucho tiempo estuvo albergada (¡significativa hospitalidad!) en la Catedral Vieja; pero reinando Alfonso XI se emancipó de la dirección del Obispo de Salamanca y se hizo pontificia. Es decir, que desde entonces el Papa fué el verdadero Rector; teniendo en ella por Delegado al Maestrescuela de la Catedral, á cuya dignidad iba anejo el cargo de Cancelario de la Universidad. Este era quien confería los grados y ejercía el juzgado eclesiástico y civil-escolástico, con autoridad real y pontificia. El Rector no era más que el Jefe administrativo y económico del Establecimiento.
Llegó á contar, por término medio, unos ocho mil estudiantes, y aun recuerdo haber leído que, en algunas matrículas, éstos ascendieron á doce mil.
En 1569 las Cátedras eran setenta: diez de Cánones, diez de Leyes, siete de Medicina, siete de Teología, once de Filosofía, una de Astrología, una de Música, una de lengua Caldea, una de Hebreo, cuatro de Griego y diez y siete de Retórica y Gramática.
Allí hubo estudiantes de todas las naciones, y muy principalmente ingleses é irlandeses católicos, después que abrazó la Reforma Enrique VIII.—De esta última tierra no falta aún en Salamanca un contingente fijo de escolares, como veremos después al hablar del Colegio de Irlandeses.