En compensación, de puertas adentro, lleva demasiado lejos el negligé, que en España llamamos trapillo, con tal de que la casa ofrezca un aspecto irreprochable.....—Digamos, pues, que nuestra perfecta casada es objetivamente limpia hasta un extremo increible..... Los muebles, los utensilios de cocina (de los cuales tiene repetidas baterías de lujo que no sirven nunca), los techos, las paredes, los suelos, brillan siempre como el oro. «¡En los ladrillos de mi casa se pueden comer migas!» dice con muy fundado orgullo.—Si, en cambio, no todas aquellas mujeres de bien se distinguen por una completa ó total limpieza subjetiva, cúlpese al Sr. D. Felipe II, que dictó cierta endiablada pragmática, prohibiendo á los moriscos y moriscas de Granada el pícaro uso de los baños domésticos.
OTRO AXIOMA
La Granadina, en general, recibe y hace muy pocas visitas.
Por lo común, se pasa toda la semana sin poner un pie en la calle y sin que ninguno de fuera pise su casa, como no sea algún pariente muy cercano.—En toda la provincia escasean las tertulias en que se reunan señoras.—Si éstas pasean, es en domingo, y eso en la capital.—En las poblaciones subalternas se necesita que repiquen más gordo.....—Pero ya volveremos sobre esto.
Entretanto, allá van algunos
NUEVOS AXIOMAS
La Granadina es floricultora, domadora de gatos y domesticadora de canarios.
Recomiendo á los pintores de género el insondable cuadro de una de estas mujeres de su casa, sentada al lado de un balcón, lleno de macetas floridas, entre una manada de gatos enroscados á sus pies, y media docena de canarios enjaulados sobre su cabeza.—Con esto y con su fértil aventurera imaginación, tiene bastante una hija de Granada para no estar nunca sola.
El gato, la flor, el canario y la mujer..... ¡qué cuarteto!
La Granadina es herbívora, vinífoba y gazpacháfaga.