En cambio, la mujer, dentro de la casa, á puerta cerrada, trabaja cuanto humanamente puede, á veces más de lo que nadie imaginaría, atendida la posición social de la señora.—En este punto es La perfecta casada de Fr. Luis de León. No sólo la muy pobre, sino también la que vive con algún desahogo, y hasta muchas acomodadas, naturalmente hacendosas, ó que precaven el porvenir economizando, para sus hijos, barren, limpian, cosen, planchan, lavan, friegan, amasan, guisan, crían gusanos de seda y cuidan á los niños (todo al par que la criada y por ahorrarse de tomar otra), sin contar con que, cuando se ocurre, le sirven la comida á su esposo, al mismo tiempo que ellas comen aparte, yendo y viniendo á la hornilla, con la majestad de antigua matrona que diera hospitalidad á un peregrino, ó con la humildad de una reina en Jueves Santo.

Lo que la Granadina no hace nunca.....—Pero esto que voy á decir merece figurar como

AXIOMA

La Granadina no cultiva el campo.

¡Ah! lo contrario sería un deshonor para el más pobre labriego. ¡Su mujer no es una negra!—Él ara, siembra, labra, coge, trilla, riega con todo el sol canicular, con hielos y nieves, con el agua á la cintura, sin reparar en su comodidad ni en su salud..... ¡Pero trabajar ella delante de gente! ¡Hacer lo que puede hacer un mozo, un peón....., y, si no hay peón ni mozo, él mismo, á costa de un poco más de fatiga!..... ¡En manera alguna!

No sin orgullo consigno esta observación (aplicable á todas nuestras provincias meridionales), advirtiendo de paso á las granadinas, para que se lo agradezcan á los granadinos, que en otras regiones de España y en las más cultas naciones de Europa sucede todo lo contrario: la mujer del campesino labra la tierra, y el hombre se las compone en el hogar.—¡Y así anda ello!

Lo que sí hace la Granadina en el campo es espigar.—Pues ¿qué es espigar?—Espigar es hacer uso de un gracioso derecho que cristianamente concede el más pobre labrador á las mujeres necesitadas (y sólo á las mujeres) de entrar en su heredad, de donde ya se han sacado los haces, á rebuscar y apropiarse las espigas que han quedado desperdigadas en el rastrojo.—¡Después de la galantería, la caridad erigida en ley consuetudinaria! ¡Muchas leyes como ésta nos diera Dios! ¡Algo más medrado andaría nuestro siglo!.....—Pero doblemos la hoja.

AXIOMA HASTA CIERTO PUNTO

La Granadina es lujosísima en la calle.

Ni el marido ni el padre reparan en su propia persona, con tal que la esposa ó la hija vista «como corresponde»: y siempre corresponde vestir mejor de lo que buenamente se puede.—El traje pontifical de la mujer, y no el del amo de la casa, representa la clase social de la familia. Un hombre rico ó linajudo podrá descuidarse en el vestir, usar ropa como de artesano ó de labrador; abandonar para in æternum el frac, la levita y hasta el sombrero de copa; pero la señora de la casa no saldrá nunca á la calle sino de tiros largos, con arreglo á ordenanza, «como quien es», según dice ella enfáticamente.