A propósito y entre paréntesis: Aunque la Granadina se guarda mucho de ser liberal, por humilde cuna que haya tenido; aunque es monárquica y religiosa hasta los tuétanos (¿cómo olvidar á los Reyes Católicos?), y apegada, por lo tanto, al antiguo régimen, hace causa común con una revolucionaria, con una conspiradora, que murió en el cadalso por haber bordado cierta bandera constitucional.—Comprenderéis que me refiero á la insigne heroína doña Mariana Pineda..... ¡En tratándose de la Mariana, las Granadinas no tienen opiniones! Todas la admiran, la compadecen, la lloran y le rinden verdadero culto. ¡Para ellas, aquel trágico suceso es lo único que ha ocurrido en Granada desde la expulsión de los moriscos!..... De lo demás no tienen noticia.....—Ni ¿qué es lo demás?

Las mencionadas damiselas entre merced y señoría son acaso las que más disfrutan de los encantos naturales y artísticos de la moribunda gran ciudad. ¡Por lo mismo que las pobres significan menos en lo presente, se aferran con más ahinco á lo pasado! Ellas son, pues, las abonadas á los almuerzos y comidas en las fondas de La Alhambra, donde, dicho sea de paso, se celebra todo lo fausto que acontece en la población: la boda, el casamiento, el bautizo, el grado de licencia, el ascenso, la transacción, el regreso, el desafío frustrado..... (Pudiérase decir que La Alhambra es una venerable abuela á quien se notifican todos los contentos y prosperidades de su raza, para alegrar su vejez.) Ellas suben á la Torre de la Vela á contemplar (una vez al ano, el 2 de Enero, aniversario de la Toma) los cuatro portentosos panoramas cardinales de Granada y sus alrededores. Ellas van en peregrinación al Laurel de la Zubia, de merienda á los cármenes y avellaneras del Sacro Monte, y de campo formal, en tartana, al Fargue, á Huétor del Genil ó á la Fuente Grande de Alfacar, verdadera maravilla de la naturaleza. Ellas conocen la antigua corte musulmana y sus deleitables contornos, piedra por piedra, mata por mata, tradición por tradición..... ¡Y ellas, poseídas íntimamente de aquella nostalgia historial que más atrás analizamos, saben estar en cada punto, hablar y callar á tiempo, comentar la situación con el suspiro y la mirada, y parecen á todas horas, ya á la luz del crepúsculo, ya á la claridad de la luna, ya al tenue relucir de las estrellas, los genios de las ruinas, las dríadas de los bosques, las náyades de los ríos, las ninfas de los arroyos y las fuentes!

¡Qué bonitas!

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La mujer del pueblo es más varia. Tenemos las artesanas y del pequeño comercio; tenemos las labradoras que viven en el Albaicín, en las Huertas, en el barrio de San Lázaro y en todos los arrabales; y tenemos la inmensa falange de criadas de aquella población donde apenas hay criados masculinos.

Todo este personal se reparte en sus días de asueto de la siguiente manera: las de educación más sana y tradicional, se esparcen por las caserías (casas de campo), por los amenos callejones de Gracia, ó por los cármenes en que tienen amigas, y allí bailan, juegan, cantan y hablan con los novios.—Estos bailes y estos cantos son estrictamente nacionales y casi se reducen al fandango. De donde ¡alguna puñalada por la noche....., y pare usted de contar!

Las sucursales de los bufos madrileños, sucursales á su vez de los bufos parisienses, han desnaturalizado un poco las costumbres del pueblo bajo granadino. Es, por tanto, algo frecuente ver grupos de criadas que acuden á los Campos Elíseos (¡también existe allí este mitológico cielo!) á bailar unas polkas íntimas de todos los demonios y unos estúpidos cancanes, que de tales sólo tienen la indecencia.....

Apartemos los ojos de aquella desabrida traducción de ajenas ignominias, y sigamos á las honestas menestralas, hortelanas y sirvientas de buena ley, en sus inocentes y animados paseos por los campos, viéndolas rumiar la fruta del tiempo ó los frutos secos que les regalan sus galanes, mientras que ellos no perdonan puesto ni ventorrillo (menudean en todas partes) sin refrendar el pasaporte.....

¡Complazcámonos, sí, en el manso júbilo y modesta felicidad con que estas desheredadas de la fortuna descansan de una semana de reclusión y de trabajo, y bendigamos las expansiones de su contentadizo corazón, cuando, al caer la tarde, vuelven á sus casas y á sus quehaceres, cogidas de la mano en anchas hileras, cantando en coro sus empresas amorosas, ó sea sus clemencias y sus desdenes, como bandadas de pájaros que tornan á sus nidos!.....

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