Ella sabe bien cómo se llaman él y toda su parentela: los padres de ambos son íntimos amigos, y hasta creemos que se hablan de tú.—Él sabe de ella lo mismo (lo que sabe el padrón), y hasta podríamos jurar que conversa en la plaza con su padre y que tutea á sus hermanos. Sin embargo, ella es para él un ser diferente de todos los nacidos. Ella es fantástica, inmortal, divina, superior á su padre y á su madre.—A éstos les tiembla, es verdad; pero los desprecia soberanamente. ¡Y sus hermanitos son unos bárbaros, pues que la tratan como á una igual! ¡Él los envidia, les adula y los detesta!
Pero vamos al asunto.—«¿Cómo hablarle?»—se pregunta continuamente Fidel.
En casas como la de Amparo no se concibe la visita de un mozuelo. (Los árabes dejaron establecida jurisprudencia.) Allí sólo entra alguna señora de cumplido, á las doce del día, los domingos y fiestas de guardar. Los caballeros, en la calle, se tratan con llaneza, ¡con demasiada llaneza! Pero á las señoras se las trata, y ellas se tratan entre sí, con cancilleresca ceremonia.
Escribirle..... fuera jugar el todo..... por la nada, y además una impertinencia de marca mayor.
La criada..... sería contraproducentem.
—«¡Presentado!.....»—dirá algún madrileño.
¿Qué es presentar donde todos se conocen?—¡El padre de Amparo le tutea á Fidel, sin necesidad de presentaciones!—¡Ya se guardará el rapaz de meterse en semejantes dibujos!
Por otra parte, ella no sale nunca sino á misa de diez, y eso..... con su mamá, que es mucho más austera que su papá.—Pero, en fin, va á misa.....
—«¡Oh sublimidad del Catolicismo! (piensa Fidel). ¡Merced á sus leyes, puedo verla media hora seguida todos los días de precepto!—¿Por qué los habrán reducido últimamente?»
Sí; la ve durante treinta minutos; pero ¿cómo la ve? A media luz, con un espeso velo echado sobre el rostro, de perfil, de rodillas, con los ojos clavados en el libro.....