¡Y con qué emoción!—Amparo, en las tinieblas, le parecía suya.....—La luz determina las distancias. Las sombras confunden los objetos.....—La vista entonces tiene algo de tacto.

De resultas de esta emoción, Fidel pasó muchas noches entregado al placer de estar á obscuras.

Su adorada, entretanto, borda ó lee, reza el rosario con sus padres, hace flores, hace dulces, hace novenas.....; pero todo maquinalmente.—Ciertas noches, de tiempo inmemorial, van á su casa unas solteronas á acompañar á su madre, que no lee otro periódico que el que ellas constituyen por sí propias. Amparo, fingiéndose distraída, no pierde coma, á ver si oye decir algo que tenga relación con el hijo de D. Eusebio (que es Fidel). Óigalo ó no lo oiga, resulta que de la conversación de aquellas mujeres; del tumulto de cosas humanas que percibe en las novedades que ellas cuentan; de las ideas de pasión, de combate, de felicidad, de leyes naturales y de leyes escritas que estas novedades siembran en su alma; de lo que le mandan y vedan las obras místicas que lee; de lo que dicen con su mudo lenguaje las flores; los pájaros, los céfiros, el sol, la luna y hasta las tímidas estrellas, va formándose en el corazón de Amparo un mundo armónico y fulgente, lleno del sentimiento universal, lanzado en órbitas mucho más amplias, libres y luminosas, que el mundo de las cuatro paredes de su encierro, y henchido de un concento misterioso, que canta incesantemente esta oda de una sola frase: «¡Fidel mío!»

Y así pasan años como eternidades, y así se forman almas y caracteres que son verdaderos abismos de disimulo, verdaderos infiernos de pasión reconcentrada, ó verdaderos eriales de ilusiones desvanecidas.

Pues imaginad ahora que llega un momento en que el demonio, las solteronas, una prima fea ó un sobrinillo amable, llevan medio recado, y se concierta una cita, y se abre á media noche cualquiera de los ventanuchos del callejón, ó se utiliza como locutorio el ojo de la llave de la puerta falsa.....

¡Poema seguro por lo pronto! ¡Edgardo y Lucía en escena!—¡Qué dúo, qué idilio, qué eternos esponsales de dos vidas!

Luego viene el drama....., y termina en tragedia ó en comedia: esto es, en el Cementerio para alguien, ó en la Vicaría para los dos enamorados.

Supongamos esto último: se casan.—¡Adiós, mundo! ¡Adiós, calle! ¡Adiós, balcón! ¡Adiós, todo!—Amparo ha desaparecido.

Sin embargo, esta casada de la ciudad no se marchita físicamente como la de la aldea.....

«¡Ojalá! (dirá aquí la musa romántica). ¡Cuántas terribles pasiones á lo Werther habría menos en el mundo!»