Temo, nada dificulto.
El alma, Justina bella,
Me cuestas; pero ya juzgo,
Siendo tan grande el empleo,
Que no ha sido el precio mucho.
Corre á la deidad el velo:
No entre pardos, ni entre oscuros
Celajes se esconda el sol;
Sus rayos ostente rubios.
(Descúbrela, y ve un esqueleto.)