Si eres juez, si á los cristianos
Persigues duro y sangriento,
Yo lo soy; que un venerable
Anciano, en el monte mesmo
El carácter me imprimió
Que es su primer sacramento.
Ea pues, ¿qué aguardas? Venga
El verdugo, y de mi cuello
La cabeza me divida,
O con extraños tormentos