Echada juzgo contra mí la suerte,
Desde que desde Lisboa, al salir, sólo
Imágenes he visto de la muerte.
Apénas, pues, al berberisco polo
Prevenimos los dos esta jornada,
Cuando de un parasismo el mismo Apolo
Amortajado en nubes, la dorada
Faz escondió, y el mar sañudo y fiero
Deshizo con tormentas nuestra armada.
Si miro al mar, mil sombras considero;