Entre las iras del cielo
Y los delitos del mundo,
versos que por sí solos, y prescindiendo de la paranomasia de Iris é iras, valen tanto como un largo poema. La Vírgen del Sagrario es una crónica dramática que dura siglos y enlaza toda la historia de España con el orígen, pérdida y restauracion de una imágen: son de notar en ella algunas escenas episódicas, como el bizarrísimo desafío entre el montañes y el muzárabe sobre la admision del rito romano.
Descartadas estas obras, quedan aún seis de Calderon, pertenecientes al género devoto. Tres de ellas forman un grupo y tienen cierta unidad de pensamiento, y áun escenas muy semejantes: El José de las mujeres, Los dos amantes del cielo y El Mágico prodigioso. En las tres los protagonistas son catecúmenos, y en las tres empiezan á salir de las tinieblas del paganismo por medio de la lectura de algun texto sagrado ó profano: el de Plinio en El Mágico, el principio del Evangelio de San Juan en Los dos amantes del cielo, y un lugar de la Epístola á los corintios en El José de las mujeres. En las tres combaten los protagonistas, ayudados por la divina gracia, contra los halagos del amor profano y contra todas las artes diabólicas, puestas en juego por el mismo príncipe de los abismos, que es personaje muy principal en ellas. Y en las tres, finalmente, reciben victoriosos la palma triunfal del martirio. Abundan en todos estos dramas, lo mismo que en los autos, las discusiones teológicas.
Pero aquí se detienen las semejanzas, porque el mérito de los tres dramas es muy desigual. El que ménos vale es El José de las mujeres, donde la heroína Eugenia, filósofa alejandrina (trasunto de Hipatia) acaba por convertirse al cristianismo y retirarse á las soledades de la Tebaida, de donde vuelve á Alejandría para derribar las estatuas que, creyéndola muerta, le habian sido levantadas durante su ausencia. El pensamiento capital de Los dos amantes del cielo (obra bastante conocida en Alemania por una traduccion de Schack) merece no escasa loa: una mujer que sólo quiere conceder su amor á quien haya muerto por ella, y que se hace cristiana movida por la consideracion del entrañable amor de un Dios que se hizo carne por los pecados del mundo; un catecúmeno cristiano que resiste y lucha contra todas las seducciones del arte y de los sentidos, y entabla una especie de duelo teológico con la mujer que adora, hasta convertirla. De todo esto podia haber resultado una accion interesante, y, sin embargo, no resulta más que una comedia de enredo con acompañamiento de teología y de sabrosos cuentos de un gracioso.
De El Mágico poco hay que decir, puesto que pasa universalmente por una de las obras maestras del poeta, y Rosenkranz llegó á compararle con el Fausto, aunque la semejanza se reduce á intervenir en ambas obras pacto diabólico por alcanzar un sabio la posesion de una mujer. Y este es elemento vulgarísimo, no sólo de la leyenda de Fausto y de la de El Mágico, sino de la de Teófilo y otras infinitas.
Lo mejor de El Mágico son los datos fundamentales que Calderon tomó de las actas de San Cipriano de Antioquía, escritas en griego por Simeon Metaphrastes, y traducidas al latin por Lipomano. En lo demas, pienso que la ejecucion es inferior á la grandeza del pensamiento y á la severa teología de las primeras escenas. Cuando no hablan Cipriano y el Demonio, El Mágico (aunque la accion pase en Antioquía y en los primeros siglos de nuestra era) es una de tantas comedias de capa y espada, con dos galanes celosos, y chistes de criados, y cuchilladas y escondites. Los caracteres son débiles: el demonio tiene mucho de ergotista y de leguleyo, y algo de prestidigitador hábil en escamoteos. Justina es tipo vulgar y pálido, hasta que llega la escena admirable en que el tentador agota sus recursos para infundir en ella el ánsia del placer, y acaba por confesar su derrota, exclamando:
Venciste, mujer, venciste
Con no dejarte vencer.
En esta escena y en la que sigue á la aparicion del esqueleto está el verdadero drama. Lo demas es un embrollo amoroso, que oscurece y rebaja la alta concepcion de esta obra, en que el autor se propuso mostrar cómo la especulacion racional es preparacion para la fe, y cómo el libre albedrío ayudado por la gracia triunfa de todas las sugestiones diabólicas.