Tu gente, por la piedad

Que al dueño á servir obliga;

Mas no hay rigor ni crueldad,

Por más que ya los persiga,

Que dél los pueda apartar.

Miéntras uno va á buscar

De comer, el otro queda

Con quien consolarse pueda

De su desdicha y pesar.

Acaba ya rigor tanto: