Pero no que lo sabía.

Llegó á mí descolorido,

Y entre apacible y airado,

Me dijo que habia jugado,

Arminda, y que habia perdido:

Que una joya le prestase

Para volver á jugar.

Por presto que la iba á dar,

No aguardó á que la sacase:

Tomó él la llave y abrió