Si acaso, esposo, llegaste

A creer flaquezas mias,

Justo será que me mates.

Mas á esta Cruz abrazada,

A esta que estaba delante,

Prosiguió, doy por testigo

De que no supe agraviarte

Ni ofenderte; que ella sola

Será justo que me ampare.»

Bien quisiera entónces yo,