De mujer era el gemido,
A cuyo aliento sucede
La voz de un hombre, que á media
Voz decia desta suerte:
«Primer mancha de la sangre
Más noble, á mis manos muere,
Ántes que á morir á manos
De infames verdugos llegues.»
La infeliz mujer decia
En medias razones breves: