«Duélete tú de tu sangre,
Ya que de mí no te dueles.»
Llegar pretendí yo entónces
A estorbar rigor tan fuerte;
Mas no pude, porque al punto
Las voces se desvanecen,
Y ví al hombre en un caballo,
Que entre los troncos se pierde.
Iman fué de mi piedad
La voz, que ya balbuciente