Le queda por mucho rato,

Si no el ruido, la noticia.

El traidor pues, en mirando

Que ya nadie hay que le siga,

Que ya nadie hay que me ampare,

Porque hasta la luna misma

Ocultó entre pardas sombras,

O cruel ó vengativa,

Aquella ¡ay de mí! prestada

Luz que del sol participa;