Llego á tí, donde intento
Que el primer escarmiento
Que tu muralla vea,
De tu Tetrarca la cabeza sea;
A cuyo fin, por más infeliz suerte,
Su muerte dilaté, porque su muerte
Le dé terror más fiero,
Y más al filo de este infausto acero[15],
Desagraviando de camino aquella
Que ofendió, soberana deidad bella.