Tal belleza, quise darla

La vida, como al rescate

Saliese fiadora el alma.

Apénas, pues, me atreví

A asirla una mano blanca,

Cuando me dijo: «Cristiano,

Si es más ambicion que fama

Mi muerte, pues con la sangre

De una mujer más se mancha

Que se acicala el acero,