Sin duda se convenció

De mi razon. ¡Ay de mí!

¿Podré ya quejarme? Sí;

Pero consolarme, no.

Ya estoy solo, ya bien puedo

Hablar. ¡Ay Dios! ¡quién pudiera

Reducir solo á un discurso,

Medir con sola una idea

Tantos géneros de agravios,

Tantos linajes de penas