DOÑA MENCÍA.
¡Señor, deten la espada,
No me juzgues culpada:
El cielo sabe que inocente muero!
¿Qué fiera mano, qué sangriento acero
En mi pecho ejecutas? ¡Tente, tente!
¡Una mujer no mates inocente!
Mas ¿qué es esto? ¡ay de mí! ¿no estaba agora
Gutierre aquí? ¿No via (¿quién lo ignora?)
Que en mi sangre bañada,